Envíame cartas desde arriba, envíame fuerza, envíame amor, tan dulce amor, cántame canciones que resuenen en mi cabeza y en mi corazón, ahí es donde estás.

Forever, vertical Horizons.

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Psicoorientación y acompañamiento en procesos de duelo y pérdida que tienen como resultado: adaptación - recuperación.

La importancia de reconocer el dolor que genera la pérdida de un ser querido es de gran ayuda, ya que posibilita poder comenzar a ajustar la vida en consecuencia, afrontar emocionalmente la ausencia y comenzar a hacer un proceso de reconstrucción personal y hasta social. 

Es de destacar que el resultado del proceso de acompañamiento, es la adaptación, no la «aceptación» o la «recuperación»; porque el dolor nos cambia y por lo tanto no se tiene como objetivo volver a la vida de antes, sino que el objetivo es comprender que la vida ha sido alterada por la perdida y que podemos aprender a seguir hacia adelante, a pesar del dolor y la ausencia.

El duelo es una respuesta natural ante la perdida de alguien cercano a nuestra vida. No es una enfermedad que requiera tratamiento; sino un acompañamiento, un pensar sobre el fallecido, un recuerdo sobre lo vivido y una despedida por el que se ha ido.

El duelo es uno de los hechos más dolorosos de la vida, y se caracteriza por el dolor que genera la pérdida de alguien que se ha ido para siempre. De hecho, cuanto más apegados o estrecho haya sido el vínculo, más dolorosa será su pérdida. Esto es inevitable.

El dolor va acompañado de una necesidad reiterada de recibir consuelo por parte de amigos y familiares. Sin embargo, muchas veceseste consuelo no llega o no es suficiente para realizar la elaboración y aceptación progresiva de la pérdida, lo que puede conllevar a que un duelo con sus reacciones normales, se convierta en un duelo complicado.

Un duelo normal se suele caracterizar por la negativa a integrar la pérdida, episodios intensos de llanto, ansiedad, una sensación de desrealización, una aparente falta de dolor y tristeza, trastornos de somatización o dolores físicos, fatiga, retiro de las actividades habituales, cambios en el apetito, disminución de peso o trastornos del sueño. Sin embargo, en muchos casos estas respuestas normales pueden ser indicios de un duelo complicado y el inicio de una depresión crónica.

El duelo complicado suele ser difícil de identificar debido a que la experiencia del duelo varía mucho entre los individuos, aun así, a veces es necesario tratarlo o realizar un proceso de acompañamiento, ya que la persona doliente tendrá un mayor riesgo de tener problemas de salud, suicidio y muerte por otras causas. El acompañamiento está orientado a escuchar y tratar toda la gama de sentimientos que genera la perdida y el difunto, como, por ejemplo: la manera o el momento en que falleció, la culpa, las resistencias y ambivalencias, los asuntos pendientes o no resueltos, las palabras no dichas, las idealizaciones o los resentimientos.